En la Escuela Rincón Los Perales de Pumanque estudian apenas 33 niños. Es una escuela rural, multigrado y unidocente, donde una misma profesora debe enseñar a estudiantes de distintos niveles, liderar el establecimiento y responder a las múltiples necesidades que surgen día a día. Esa profesora es Claudia Piñeda.
Además de estar a cargo de la escuela, desde hace algunos años asumió un desafío adicional: convertirse en tutora del programa Rescate Lector.
El programa llegó al establecimiento hace algunos años. Sin embargo, cuando surgieron dificultades para encontrar una tutora que pudiera trasladarse regularmente hasta la escuela —y las alternativas remotas tampoco funcionaron debido a los problemas de conectividad de la zona—, Claudia decidió asumir ella misma las tutorías.
Lo hizo porque veía una realidad que le preocupaba.»Había niños que iban quedando rezagados, sobre todo después de la pandemia», recuerda.
Hoy acompaña semanalmente a estudiantes que necesitan fortalecer sus habilidades lectoras. Para ello, aprovecha las horas en que profesionales externos que apoyan a la escuela —como los profesores de inglés y educación física— realizan talleres y actividades con los estudiantes, generando un espacio de apoyo personalizado para quienes más lo necesitan.
Cuando cada estudiante importa
Trabajar en una escuela pequeña no significa que los desafíos sean menores. Al contrario. En una misma sala conviven estudiantes de distintos niveles, ritmos y necesidades de aprendizaje.
En ese contexto, contar con espacios de apoyo personalizado resulta especialmente valioso.
Durante el año pasado, cerca del 80% de los estudiantes que participaron en Rescate Lector lograron egresar del programa tras alcanzar los niveles esperados de lectura. Este año, incluso, son solo 2 los niños que requieren apoyo porque varios consiguieron nivelarse durante el proceso. «Gracias al programa hemos tenido buenos resultados», destaca Claudia.
Más que aprender a leer
Para Claudia, los cambios más importantes no siempre se reflejan en una evaluación. Los ve todos los días en la sala de clases.
A medida que los estudiantes fortalecen su lectura, ganan autonomía, participan más, se atreven a responder preguntas y enfrentan con mayor seguridad las actividades escolares. Lo que antes podía convertirse en una fuente de frustración comienza poco a poco a transformarse en confianza.
Ese entusiasmo también se hace visible en las propias tutorías. Tanto así, que los estudiantes terminaron bautizando el programa con un nombre propio: «el Club Lector».
Para Claudia, ese cariño tiene relación con la forma en que se desarrollan las sesiones. Juegos, dinámicas y actividades especialmente diseñadas para mantener la motivación forman parte habitual de su trabajo. Pero lo más importante es que los niños comienzan a descubrir algo fundamental: que sí pueden leer, comprender y seguir aprendiendo por sí mismos.
Familias que también se comprometen
Otro aspecto que la profesora destaca es el apoyo de las familias.
Muchos apoderados conocen el programa, valoran sus resultados y colaboran activamente reforzando las lecturas que los estudiantes realizan en sus hogares. «Siempre cuento con el apoyo de las familias, que es fundamental», señala.
Ese compromiso permite que el trabajo realizado durante las tutorías continúe más allá de la escuela y fortalece los avances de cada niño.
Aprender nuevas formas de enseñar
Para Claudia, ser parte de Rescate Lector también ha significado una oportunidad de crecimiento profesional.
Las capacitaciones, el acompañamiento permanente y los materiales entregados por la Fundación María José Reyes le han permitido incorporar nuevas estrategias para enseñar lectura y adaptarlas a la realidad de sus estudiantes.
«Ha sido bien completo trabajar con la Fundación», comenta. «Nos han aportado estrategias, material y herramientas que podemos ir aplicando según las necesidades de cada estudiante».
Llegar donde más se necesita
Ubicada lejos de los centros urbanos y con una matrícula reducida, la Escuela Rincón Los Perales podría parecer una escuela difícil de alcanzar para muchos programas educativos.
Por eso Claudia valora especialmente que Rescate Lector siga llegando hasta allí. «Feliz de que, siendo poquitos, se nos considere igual», afirma.
Y en una escuela donde cada estudiante tiene nombre, historia y necesidades distintas, esa decisión puede marcar una diferencia enorme.